Happy Mardi Gras!

Happy Mardi Gras!

Cuenta la leyenda que el intrépido explorador francocanadiense Jean Baptiste Le Moyne Sieur de Bienville llegó con su séquito a Louisiana en 1699. Una vez allí, en tierra de pantanos y bruma, sus hombres se dieron cuenta de que era la víspera de la festividad francesa de Mardi Gras (martes de carnaval), y decidieron bautizar el primer asentamiento como ‘Pointe du Mardi Gras’. Unos años más tarde, Jean Baptiste fundó ‘Fort Louis de la Mobile’. Allí fue donde se celebró por primera vez Mardi Gras en 1703.

Bienville no fundó Nueva Orleans hasta 1718. Se llevó la fiesta con él a la nueva ciudad y en 1730 ya se celebraba Mardi Gras públicamente y cada año, aunque de forma algo diferente a la que conocemos ahora. Mardi Gras se limitaba entonces a las casas de la gente adinerada de la zona, quienes acudían al baile de máscaras con extravagantes disfraces.

Medio siglo más tarde, la fiesta se ‘democratizó’ bajo el gobierno colonial español, es decir, se trasladó de las casas de los poderosos a las calles y se empezó a hablar del carnaval de Mardi Gras. Desde entonces, es la fiesta de Nueva Orleans por excelencia y una de las celebraciones más esperadas e importantes del mundo. A la llegada de carnaval, Nueva Orleans se tiñe de morado, amarillo y verde, que representan la justicia, el poder y la fe, respectivamente. La tradición dicta que, aunque no lleves disfraz, debes lucir un collar de cuentas con los colores tradicionales.

Las krewes (cofradías) trabajan sin descanso durante todo el año para que el desfile esté listo. No es nada fácil unirse a una de ellas, ya que funcionan como sociedades secretas, guardianas de la magia del carnaval. Cada krewe selecciona un rey y una reina cada año, que son los encargados de infundir las calles de la ciudad con brillo, exceso y color. El rey de la krewe más importante, Rex, es considerado el monarca absoluto de Mardi Gras.

Mardi Gras es exceso, irreverencia, extravagancia y diversión; pero también fraternidad, diversidad y tolerancia. Por ello, fue la primera fiesta de escala mundial que introdujo leyes que impedían la discriminación por razón de religión, raza, género u orientación sexual en 1991, un gesto pionero que inspiró y sigue inspirando a otras celebraciones alrededor del mundo.

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